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Luna en Amalia

Fecha: 09 - 09 - 2008 | Autora: Ana Sofía Pérez Bustamante

Se inaugura el mes que el Pay-Pay dedica a la mujer con la exposición Divinas y humanas. Como convocada por los cuadros de Amalia Quirós, sale una luna brillante en creciente dorado que busca a su Isabella Rossellini. La noche es fresca y limpia. Amalia, diplomada en Artes y Decoración en la Escuela de Cádiz, pertenece a la promoción del 80. De ahí su afinidad con la década prodigiosa del boom femenino y de los Costus: esa mezcla almodovariana y neopop de caña de España, humor, glamour, mitomanía, fetichismo y un Cádiz profundo profundamente surrealista. El escenario del Pay-Pay está presidido por una ciudad onírica y nocturna pintada por Quirós que en su día fue un decorado. Resplandece Amalia rodeada en su propio café teatro por la materialización transfigurada de su memoria. La fascinación por el cine, compartida desde niña con su padre, se ve en los motivos y encuadres cinematográficos: Audrey Hepburn en seda o una flamenca en desplante al calor de unos versos de Manuel Gerena. El sueño del glamour, alimentado por el papel couché, por una abuela que cosía vestidos de novia, una madre que buscaba en el puesto del Peña botones y encajes de fantasía y una niña que cantaba ópera en su balcón de barrio obrero, se transforma en cuadros de diosas de toda melena (Botticelli incluido), en críticas burlonas contra la objetualización de la mujer ("Éramos diosas y nos convirtieron en esposas") y exaltaciones de la tercera república femenina. La María Gaditana del calendario Costus prosigue sus andanzas libertarias con la María náutica, la que tiende en la azotea en tanga y la primera boda de lesbianas en Cádiz. Tiene Amalia un autorretrato (que viajó a Barcelona) hecho con los claveles bordados de un mantel de su madre.



Ella es la mujer que ayer no más decía que no tenía habitación propia y pintaba en la cocina. La que hoy, mientras suena la hermosa voz de Verónica Díaz, se ha cambiado las sandalias de tacón por zapatillas hollywoodenses de raso y negra pluma (un sexy cómodo). La que ha jurado ser fiel, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y las penas, a su enorme sonrisa.